miércoles, 7 de noviembre de 2007

CUENTA-ESTRELLAS III: PERSEO

Perseus es una constelación del Norte y representa a Perseo, héroe mitológico que decapitó a Medusa. Es una de las 48 constelaciones de Ptolomeo así como una de las 88 constelaciones modernas. En ella está la famosa variable Algol (β Persei), y en ella se localiza la lluvia de meteoros de las Perseidas.

Perseo se encuntra entre el Auriga y Andrómeda, su esposa.

La historia de Perseo:

Perseo es un semidiós de la mitología griega, hijo de Dánae. Ésta había sido encerrada por su padre, Acrisio, en una torre, para impedir que tuviera trato con varón, ya que una profecía le había anunciado que moriría a manos de su nieto. Sin embargo, Zeus se metamorfoseó en lluvia de oro y consiguió acceder a la estancia de Dánae y dejarla encinta.

Dánae engendró a Perseo y, al enterarse, Acrisio los arrojó al mar en un cofre. Tras vagar durante mucho tiempo a la deriva, llegaron al reino de Sérifos, donde fueron recogidos por Dictis, hermano del gobernante de la isla, el tirano Polidectes. Dictis fue para Perseo como un padre.

La belleza de Dánae hizo que Polidectes también cayera enamorado de ella. Pensando que el joven Perseo podía ser un estorbo en sus planes intentó librarse de él mediante una estratagema. Esta consistía en hacer creer a todo el mundo que pretendía conquistar a la princesa Hipodamía. Polidectes pidió a los habitantes de la isla que le entregasen un caballo cada uno como presente para poder ofrecer como regalo a la princesa. Al no tener ningún caballo que ofrecerle, Perseo le prometió traerle la cabeza de Medusa, una de las tres Gorgonas que podía convertir en piedra a los hombres sólo con su mirada. Polidectes aceptó satisfecho el ofrecimiento, pensando que la misión era un suicidio y el joven nunca regresaría.

Sin embargo, Zeus decidió ayudar a su hijo por lo que pidió a los dioses Atenea y Hermes que le prestaran su ayuda. Hermes le dio una espada con la que poder cortar la cabeza de Medusa mientras que Atenea le regaló un brillante escudo y le aconsejó sobre las tareas que tendría que realizar. Con el fin de encontrar el escondite de Medusa, Perseo fue en busca de las Grayas, tres ancianas que sólo tenían un mismo ojo y un mismo diente y que compartían pasándoselos una a la otra. Perseo les arrebató el ojo y el diente, obligándolas a confesar donde estaba situada la residencia de Medusa a cambio de devolvérselos.

En su camino, Perseo se encontró con las náyades, de las que consiguió un zurrón mágico, el casco de Hades, que permitía volver invisible al que lo llevara puesto, y unas sandalias aladas. Con la ayuda de estos objetos logró introducirse en la residencia de las gorgonas. Usando el escudo como espejo logró cortar la cabeza de Medusa sin tener que mirarla. De la sangre de Medusa nació el caballo alado Pegaso.

De vuelta a su hogar, Perseo encontró a Andrómeda encadenada a una roca, lugar donde había sido dejada por sus padres Cefeo y Casiopea para ser devorada por el monstruo marino Ceto. Perseo se enamoró de Andrómeda por lo que la liberó y mató al monstruo, convirtiéndolo en coral al mostrarle la cabeza de Medusa. Se quiere casar con Andrómeda, pero la joven ya tenía otro pretendiente, llamado Fineo, al que no le gustó que su novia se emparejara con otro; entonces Perseo no tiene más remedio que convertir en piedra a él y a los que lo acompañan. Perseo y Andrómeda lograron finalmente casarse (después llegaron a tener seis hijos: Perses, Alceo, Heleo, Méstor, Esténelo y Electrión, y una hija llamada Gorgófone). Luego regresa a Sérifos. Allí, Dictis y Dánae se han refugiado en un templo huyendo del acoso de Polidectes. El rey está muy ufano en su palacio pensando que se ha librado de Perseo.

Perseo se presenta ante Polidectes y ante toda su corte, pero ellos empiezan a burlarse de él, entonces, mirando hacia otro lado, saca la cabeza de Medusa y se la muestra; todos quedan petrificados con una expresión de incredulidad en sus rostros, en especial Polidectes.

Perseo devuelve todos los objetos mágicos y le regala a Atenea la cabeza de Medusa, que desde ese momento ella incorpora a su escudo. Después decide regresar a Argos.

Acrisio se entera de que su nieto viaja para encontrarse con él y pone tierra de por medio. Cuando Perseo llega, no lo encuentra. Está en un reino vecino, Larisa, presenciando unos juegos. Perseo lo sigue. Una vez allí, los organizadores le proponen participar en los juegos. Perseo accede a participar en lanzamiento de disco. Cuando lo tira, lo hace con tan mala fortuna que golpea a Acrisio y lo mata, cumpliéndose así la profecía.

Debido a esta muerte accidental, Perseo no quiso seguir gobernando su legítimo reino, Argos. En con­secuencia, intercambió los reinos con su vecino y tío, y construyó para sí una ciudad poderosa, Micenas, en la que vivió largo tiempo con su familia.

CUENTA-ESTRELLAS VI: GÉMINI

Géminis (los mellizos) es la tercera constelación del zodíaco , y se encuentra a unos treinta grados al noroeste de Orión. William Herschel descubrió Urano cerca de η Geminorum en 1781, y Clyde Tombaugh hizo lo propio con Plutón cerca de δ Geminorum.

La historia de Géminis:

En la mitología griega, los gemelos son Cástor y Polideuco (Pólux para los romanos). Nacieron de un huevo que puso Leda, la reina de Esparta, después de haber copulado con Zeus convertido en cisne. Cástor, el mortal, era hijo del rey Tíndaro; el inmortal Polideuco era hijo de Zeus. Los gemelos viajaron al país gobernado por Idas y Linceo. Idas asesinó a Cástor con una lanza, a los que Polideuco, a pesar de sus heridas, respondió matando a Linceo. Zeus intervino y mató a Idas. Polideuco rechazó su condición de inmortal si no podía compartirla con Cástor. Zeus permitió que los gemelos alternaran sus días entre el reino de los dioses y el infierno. Ambos gemelos se asocian con la constelación de Géminis. Cástor participó en varias hazañas colectivas: en la cacería del jabalí de Calidón, en el Viaje de los Argonautas junto a Ulises, entre otros.

CUENTA-ESTRELLAS V: PLÉYADES (y 2)

Las Historias de las Pléyades: Según la Nación “Piel Roja”:

Probablemente, la más famosa leyenda de las Pléyades en la tradición popular norteamericana sea la historia de la Torre del Diablo, Wyoming, una roca volcánica que los Indígenas Kiowa locales llaman Mateo Tepe.

Dicen que una vez siete doncellas acamparon cerca del río en una región conocida por tener muchos osos. Uno de los osos comenzó a perseguir a las doncellas quienes se arrodillaron para pedir ayuda, implorando a los dioses.

La tierra se elevó hacia el cielo. El oso intentó, en vano, seguirlas y arañó un lado de la roca, marcas que se ven en la Torre. Para proteger a las doncellas el Gran Espíritu les permitió permanecer en el cielo como las siete hermanas, las Pléyades.

Las Historias de las Pléyades: Según los Aztecas:

Para los Aztecas se llamaba Tianquiztli, que significa el "lugar de reunión" y era considerado un signo importante de la continuidad de la vida: a medianoche, cada 52 años, aparecía directamente arriba de sus cabezas y les aseguraba a los antiguos Americanos que el mundo no llegaría a su fin. Los Aztecas realizaban una ceremonia religiosa especial llamada la Danza del Fuego Nuevo (o Ceremonia del Fuego Nuevo), una vez cada 52 años para asegurar el movimiento del cosmos y el renacimiento del sol. Este período de tiempo de 52 años también correspondía al calendario religioso de 260-días (Tonalpohualli en Náhuatl o Tolkin en Maya) cuando se entrelazaba con el calendario civil de 365-días (Xiupohualli en Náhuatl o Haab en Maya). Cada 52 años solares Haab (73 años Tolkin) estos calendarios coincidían. A veces, a este, los Aztecas lo llamaban el Calendario Redondo. El ciclo de 52 años se decía que empezaba cuando las Pléyades cruzaban el quinto punto cardinal o el cenit del cielo a medianoche. Algunas veces no sólo estaban las Pléyades en el cenit sobre Mesoamérica sino que esa alineación también entraba en conjunción plena con el sol (como lo veremos de nuevo el S XXI). Además, dos ciclos de 52 años (104 años) se coordinan con una alineación adicional con Venus (símbolo de la forma creativa femenina en la escala local).

Se dice que la Pirámide del Sol, fuera de la Ciudad de México, está alineada con las Pléyades, ya que su cara occidental y muchas de las calles aledañas están alineadas directamente con el punto de la puesta de las Pléyades la medianoche de la noche en que está en su punto más elevado.

Las Historias de las Pléyades: Según los Mayas:

Las Pléyades eran claramente reverenciadas también por los Mayas, quienes, en el área de Chichén Itza, sabían que el sol producía una sombra tipo serpiente del lado de la escalinata del norte de la pirámide de Kukulcan durante el equinoccio de primavera. Algunos estudiosos han calculado que 60 días después de la aparición de su sombra, cuando el sol alcanza su cenit sobre la Pirámide a medio día (Mayo 20-Mayo 23), hay otra alineación directa con las Pléyades. Esta alineación Pléyades-sol podría tener una conexión directa con Quetzalcoatl, la serpiente emplumada que trajo una sabiduría más grandiosa al planeta.

Las Historias de las Pléyades: Egipto:

Los antiguos Egipcios también señalaron a las Pléyades como una diosa, probablemente más reconocida como Neith, la "madre divina", o Hathor, quien tomó la forma de una vaca (que portaba las semillas de la vida). Los piramidólogos que han trabajado en Egipto durante los últimos 12 años han encontrado textos piramidales que sugieren que los Egipcios reverenciaban a las Pléyades como un sistema estelar superior divino, especialmente a Alcyone, su estrella más brillante.

Las Pléyades en otras culturas:

Para los Japoneses la constelación de las Pléyades se llama Subaru y en Sánscrito se llama Krittikas.

Algunos de los pueblos aborígenes de Australia la conocían como Makara y reconocían que estaba conectada con la constelación de Orión.

CUENTA-ESTRELLAS V: PLÉYADES (1)

Las Pléyades es un cúmulo de estrellas, de las que las más visibles son 7. Por eso se las llama las 7 hermanas o las 7 palomas o cabrillas. Se encuentran fácilmente al norte de Tauro, muy cerca de Orión y del Auriga. Admiradas y veneradas por todas las culturas, las Pléyades son un conjunto de estrellas jovenes y que tendrán, según los astrónomos, una vida corta.

Las Historias de las Pléyades: Grecia:

En la mitología griega, las Pléyades (en griego Πλειας Pleias, ‘muchas’; Πλειάδες Pleiades, ‘hijas de Pléyone’; o Πελειαδες Peleiades, ‘hijas de palomas’) eran las siete hijas del titán Atlas y la ninfa marina Pléyone, nacidas en el monte Cileno. Son hermanas de Calipso, Hiante, las Híades y las Hespérides. Junto con las siete Híades eran llamadas Atlántidas, Dodónidas o Nisíadas, niñeras y maestras del infante Dioniso. Las Pléyades eran ninfas en el cortejo de Artemisa, compartían la afición por la caza de ésta, y como ella intentaban mantener su virginidad.

Existe cierto debate sobre el origen del nombre «Pléyades». Anteriormente se aceptaba que derivaba del nombre de su madre, Pléyone. Sin embargo, es más probable que provenga de πλεϊν, ‘navegar’, pues el grupo de estrellas homónimo es visible de noche en el Mediterráneo durante el verano, de mediados de mayo hasta principios de noviembre, lo que coincidía con la temporada de navegación en la antigüedad. Esta etimología fue reconocida por los antiguos, incluyendo a Virgilio (Geórgicas 1.136-138).

Las Pléyades debieron haber tenido considerables encantos, pues varios de los más importantes dioses olímpicos (incluyendo a Zeus, Poseidón y Ares) mantuvieron relaciones con las siete hermanas celestiales, relaciones que inevitablemente acarrearon el nacimiento de varios hijos:

En el cúmulo abierto de las Pléyades sólo seis de las estrellas brillan intensamente. La séptima, Mérope, lo hace débilmente porque está eternamente avergonzada de haber mantenido relaciones con un mortal. Algunos mitos también dicen que la estrella que no brilla es Electra, en señal de luto por la muerte de Dárdano, aunque otras pocas versiones dicen que se trata de Estérope.

Tras ser Atlas obligado a cargar sobre sus hombros con el mundo, Orión persiguió durante cinco años a las Pléyades, y Zeus terminó por transformarlas primero en palomas y luego en estrellas para consolar a su padre. Se dice que la constelación de Orión sigue persiguiéndolas por el cielo nocturno. Según otras versiones de la historia, las siete hermanas se suicidaron porque estaban tristísimas por la suerte que había corrido su padre, Atlas, o bien por la pérdida de sus hermanas, las Híades. Tras esto Zeus las inmortalizaría subiéndolas al cielo.

El poeta griego Hesíodo menciona a las Pléyades varias veces en su obra Los trabajos y los días. Dado que éstas son principalmente estrellas estivales, destacan prominentmente en el antiguo calendario agrícola. He aquí un consejo de Hesíodo:

Y si el anhelo te lleva a navegar en mares tormentosos,
cuando las Pléyades huyan del poderoso Orión
y se hundan en las brumosas profundidades
y todos los borrascosos vientos rujan,
no sigas entonces con tu barco en el oscuro mar
sino, como te pido, recuerdo trabajar en tierra.

Las Historias de las Pléyades: China:

La referencia más antigua registrada sobre las Pléyades, corresponde a la literatura astronómica China fechada en 2357 AC. Para las tribus agrícolas del hemisferio norte el curso de las Pléyades indicaba el comienzo y el final de la temporada de cultivo.

CUENTA-ESTRELLAS IV: TAURO

Constelación del Emisferio norte. La encontramos entre Auriga y Orión. Pertenece al cámino o a la eclíptica que sigue el sol por el firmamento en el transcurso de un año, por lo que se la cuenta entre una de las doce constelaciones zodiacales.

La historia de Tauro.

En la mitología griega, Tauro es la forma de toro que el dios Zeus adoptó para seducir a Europa, una mítica princesa fenicia. El resultado de esta unión fue Minos, el legendario rey de Creta.

Este hecho da origen del mito del Toro de Creta, uno de los doce trabajos de Heracles.

Pero Tauro también intervino en la antigüedad para defender a las Pléyades de Orión. Y aún hoy siguen luchando incansablemente el Toro y el Cazador.

CUENTA-ESTRELLAS II: EL AURIGA

Auriga: el conductor de la carroza o el cochero:

Se trata de una constelación del hemisferio norte. Su localización es fácil: basta con mirar por encima de Orión. Se ve un pentágono de estrellas brillantes, entre las que destaca Capella (alfa Aurigae).

La historia del Auriga:

La primera versión nos habla de que el Auriga es Mirtilo, hijo de Hermes y de Fetusa, cochero del rey Enómao. La hija de este último, Hipodamia, tenía muchos pretendientes.

Para deshacerse de ellos, Enómano los retaba a una carrera de carros. Lo que no sabían sus contrincantes era que los caballos de Mirtilo eran divinos y siempre vencían.

El castigo por la derrota era la muerte.

Pero un día se presentó Pélope de quien la joven Hipodamia se enamoró inmediatamente. Juntos sobornan a Mirtilo para que pierda la carrera, el auriga cambia los clavos de hierro del carro del rey por unos de cera, de esta manera durante la carrera estos se sueltan y el carro es destruido. En el accidente Enómao muere arrastrado por los caballos.

Mirtilo se lamenta y culpa de ello a Pelópe por haberlo engañado. Pélope mata a Mirtilo arrojándolo al mar y el auriga en su caída maldice a la raza de Pélope.

Hermes, su padre, lo rescata y lo sube al firmamento.

La otra versión relata que representa a Erictonio, producto del nacido del semen de Hefesto cuando intentó violar a Atenea. El niño, educado por Atenea, fue el inventor de la cuádriga, enganche cuádruple y de ahí que conduzca por el firmamento como el primero de los Aurigas.

CUENTA-ESTRELLAS I: ORIÓN

Orión, el Cazador, es mi constalación favorita, si miras desde la ventana de mi habitación te la encuentras de frente, grande y enorme... e inconfundible. Sus estrellas brillantes y visibles desde ambos hemisferios en invierno hacen que esta constelación sea reconocida universalmente. Orión se encuentra cerca de la constelación del río Eridanus y apoyado por sus dos perros de caza Canis Major y Canis MinorTauro pelea con la constelación de Tauro.

La Leyenda de Orión:

La primera cuenta como Orión acosaba a las Pléyades, hijas del titán Atlas, por lo que este se quejó a Zeus, el cual envió al toro Taurus para protegerlas. Como aún así Orión persistía en su acoso, Zeus envió a un Escorpión para ahuyentarlo, cosa que consiguió.

Pero la más famosa cuenta como Orión, el gran cazador, hijo de Poseidón (Dios del Mar) y Euríale, era conocido por librar al mundo de las bestias, y se decía que era tan alto que incluso podía cruzar el mar caminando por el lecho marino sin perder pie.

Después de muchas aventuras, Orión fue a la isla de Quíos, donde al poco tiempo se enamoró de Mérope, la hija del rey Enopión. Tal era su amor hacia ella que la pidió en matrimonio. Enopión consintió en ello, pero previamente exigió al gigante que demostrara su valor llevando a cabo una difícil misión. Orión tendría que exterminar un gran número de animales dañinos que estaban causando enormes pérdidas en las cosechas de la isla. Una vez que hubo exterminado todas las alimañas, el monarca se negó a cumplir lo prometido porque Orión no había cumplido su palabra (pero en realidad él también estaba enamorado de su hija).

Una noche Orión, disgustado, bebió un odre de vino de Enopión y se inflamó de tal modo que irrumpió en el dormitorio de Mérope y la obligó a acostarse con él. Cuando llegó la aurora Enopión invocó a su padre Dionisios quien envió unos sátiros para que invitaran a Orión a beber más vino hasta quedar dormido; entonces Enopión le sacó los dos ojos y los arrojó a la orilla del mar.

Un oráculo anunció que el ciego recobraría la vista si viajaba hacia oriente y volvía la cuenca de los ojos hacia Helios en el punto en que se eleva del océano. Inmediatamente Orión remó mar adentro, y siguiendo el ruido de un martillo de un cíclope llegó a Lemnos. Allí entró en la fragua de Hefestos, se apoderó de un aprendiz llamado Cedalión y se lo llevó a hombros como guía. Cedalión condujo a Orión por tierra y mar hasta llegar a la parte más lejana del océano, donde Eos se enamoró de Orión y su hermano Helios le devolvió la vista.

Orión, en compañía de Eos, volvió para vengarse de Enopión, pero no pudo encontrarlo por ninguna parte de Quíos porque se ocultó en una cámara subterránea que le había construido Hefestos. Entonces creyó que habría huido a Creta para buscar la protección de su abuelo Minos, y embarcó para Creta donde encontró a Ártemis quien compartía con él la afición a la caza, y no tardó en convencerle para que olvidase su venganza y saliese a cazar con ella.

Apolo sabía que Orión no había rechazado la invitación de Eos de acostarse con ella en la isla de Delos (Aurora se ruboriza todavía a diario recordando eso) y, además, se jactaba de que liberaría a la Tierra de fieras y monstruos.

Y esto le indujo un sentimiento de poder, orgullo y prepotencia, convirtiendolo en un ser presumido que afirmaba que nadie podría derrotarlo. Era tal su arrogancia que se cuenta que despertó la ira de la Diosa Hera (en otra versión es Artemisa y en otra Gea, la diosa de la tierra)

La muerte de Orión (Versión I):

Temiendo que su hermana Ártemis fuese tan enamoradiza como eso (y por que además Orión rivalizaba con él en belleza) Apolo convenció a la Madre Tierra, Gea, que repitiese chismosamente la jactancia de Orión con lo que consiguió que un escorpión monstruoso lo persiguiera. Orión atacó primero con flechas y luego con su espada, pero viendo que su coraza resistía cualquier arma se lanzó al mar y nadó hacia Delos, donde esperaba que Eos le protegiera. Entonces Apolo fue a ver a Ártemis y le dijo: - ¿Ves ese objeto negro que se mueve en el mar cerca de Ortigia? Es la cabeza de un malvado llamado Candaor que acaba de seducir a Opis, una de tus sacerdotisas hiperbóreas. Te desafío a que le atravieses con una flecha. Candaor era el apodo beocio de Orión, pero Ártemis no lo sabía. Apuntó cuidadosamente y disparó, y al ir a cobrar su presa se encontró que había traspasado la cabeza de Orión. Con gran pesar suplicó a Asclepio, hijo de Apolo, que lo resucitara, y este consintió, pero antes de que pudiera realizar la tarea lo mató un rayo de Zeus; entonces Ártemis puso la imagen de Orión entre las estrellas perseguido eternamente por el escorpión.

La muerte de Orión (Versión II):

Un día, cuando el soberbio gigante se encontraba reunido con sus amigos, envaneciéndose de que ni los tigres, ni las panteras, ni aún los leones o serpientes eran capaces de producirle espanto alguno, desbordó la paciencia de la Diosa, la cual le mandó un escorpión muy venenoso. Orión, al verlo, no pudo contener su irónica sonrisa ante la ridiculez de aquel insignificante adversario enviado por su enemiga.

El gigante se confió demasiado y el escorpión le picó en un pie con su potente aguijón venenoso. Fue tal la ira del Cazador vencido, que de un garratazo, mató al Escorpión envíandolo a la otra punta del cielo. La terrible ponzoña se extendió por toda la sangre del cazador y éste cayó al suelo medio moribundo.

Cuando vio que la muerte era ya inminente, pidió auxilio e imploró venganza al todopoderoso Zeus, ya que la muerte que le acechaba era poco gloriosa para un personaje de su talante. Le pidió al dios supremo que lo colocaran en los cielos con sus dos fieles perros de caza (Canis Mayor y Canis Menor) y una liebre (Lepus), para que los hombres, cuando miraran hacia arriba en las oscuras noches estrelladas, recordaran sus aventuras como cazador.

También le pidió a Zeus el dominio de las tempestades, las tormentas, el hielo y los vientos, a fin de poderse vengarse así de la Diosa que le había enviado al Escorpión.

El dios fue condescendiente con Orión y atendió sus súplicas. La Tierra (Gea), la flora y la fauna (Artemisa) y la Casa y los hombres tiemblan cada vez que Orión aparece en el cielo pues es sinónimo del frio, la escasez de la cosecha y de los alimientos y de la lluvia y la nieve (Orión aparece en Invierno)

También se encargó Zeus de situar el Escorpión (Scorpius) en el firmamento, pero tuvo cuidado de ponerlo lo más alejado posible del gigante (en el lugar donde Orión lo envío) para que nunca más volvieran a enfrentarse. Así pues, cuando Orion desaparece de la bóveda celeste es cuando hace su aparición Scorpius. Mientras que Orión aparece durante el invierno, Scorpius lo hace en el verano.

Algo más:

En la literatura fantástica de J.R.R. Tolkien, Orión es conocido como Menelgavor o Menélmacar y representa ya sea a Eonwë, heraldo de los dioses, o a Túrin, un héroe trágico en el libro El Silmarillion.

Orión está representado por un guerrero alzando su arco y cubriéndose del enemigo con un vellocino. A su lado se encuentran sus perros de caza: Canis Mayor y Canis Minor.